las palabras de un hombre que creo la empresa que cambiaría al mundo quien nos acerco la computadora gracias a el hay competencia y las computadoras o ordenadores son hoy económicas para personas normales
discurso de Steve jobs
Hace aproximadamente ya dos años, mientras peleaba en mi despacho
de la Agencia que por aquel entonces yo dirigía en Castellón, entre
informes de esos “urgentísimos”, que nunca sabíamos quién los leía, y
cuadros de Excel que diesen consistencia y testimonio a los mismos,
apareció en mi bandeja de entrada un correo de un muy estimado
compañero de trabajo, desde la Central de la Compañía en Madrid, en el
que nos sorprendía con el anuncio de su decisión de cambiar el rumbo en
su trayectoria profesional.
Personalmente, pues, al individuo en cuestión, yo siempre lo había
tenido, y lo sigo teniendo en gran estima y estas cosas, ya se sabe, por
mucho que se diga “ya nos veremos…”, “tenemos que llamarnos…” y
demás, la verdad es que al final todo queda en un recuerdo de alguien
que pasó una vez por tu vida.
Y para que ese recuerdo fuera algo más duradero, supongo, incluía un
enlace en su correo de despedida; un enlace que nos llevaba hasta un
video colgado en YouTube donde podíamos contemplar y escuchar, sobre
todo escuchar, el discurso que Steve Jobs pronunciaba, un 12 de junio
de 2005, ante unos muchachos recién graduados en la Universidad de
Stanford.
Desde aquel día lo habré visto decenas de veces y he pensado que no
estaría mal transcribir dicho discurso como primera entrada. en cuanto a
marca personal se refiere, de esta bitácora.
Creo que merece la pena, bien escuchar, bien leer, las palabras de una
persona de las características de este emprendedor privilegiado por la
naturaleza. De lo que sí estoy seguro es de que, cuanto menos, no
habremos perdido el tiempo.

“Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en
una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir
verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación
universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada
especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.
Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después
seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de
veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada
universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía
muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados
universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al
nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en
el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que
mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a
media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre
no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había
terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de
adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron
que algún día iría a la universidad.
Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma
descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y
todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando
en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No
tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la
universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos
los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así
que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su
momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores
decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no
fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a
meterme en las que parecían interesantes.
No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las
habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5
céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más
de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por
semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas
con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron
no tener precio más adelante.
College ofrecía la que quizá fuese la mejor
formación en caligrafía del país. En todas
partes del campus, todos los póster, todas las
etiquetas de todos los cajones, estaban
bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no
estaba matriculado y no tenía clases
obligatorias, decidí atender al curso de
caligrafía para aprender cómo se hacía.
Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans
serif, sobre los espacios variables entre
combinaciones de letras, sobre qué hace
realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y
artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo
encontré fascinante.
Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en
mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el
primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo
dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me
hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac
jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado
proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es
probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera
decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los
ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que
poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando
hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar
atrás diez años más tarde.
Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes
hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se
conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu
instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar
nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer.
Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20
años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo
nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y
4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra
mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había
cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la
empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a
alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí,
y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego
nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos
apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se
puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.
Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue
devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había
dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había
soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con
David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito
integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue
un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon
Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que
hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado
eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así
que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me
pudo haber pasado. Había cambiado el peso del
éxito por la ligereza de ser de nuevo un
principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó
para entrar en uno de los periodos más creativos
de mi vida.
Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra
llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría
después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje
animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación
más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple
compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en
NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo
tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me
hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero
supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la
cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única
cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis
que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro
trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de
vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo
que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo
genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid
buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el
corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las
relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años.
Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada
día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde
entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el
espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida,
¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No”
durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que
haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi
vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el
orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la
muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar
que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de
pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para
no seguir al corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las
7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni
siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era
prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de
vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a
casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a
morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles
en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de
que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea
posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia,
metiéndome un endoscopio por la garganta, a
través del estómago y el duodeno, pincharon el
páncreas con una aguja para obtener algunas
células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi
esposa, que estaba allí, me dijo que cuando
vieron las células al microscopio los médicos
comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer
pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy
bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo
más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo
vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la
muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere
morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos
compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la
Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de
cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora
mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de
forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados.
Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de
otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los
resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las
opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más
importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra
intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.
Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole
Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi
generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en
Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos
años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que
se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como
Google con tapas de cartulina, 35 años antes de que llegara Google: era
idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth
Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a
mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su
último número había una fotografía de una carretera por el campo a
primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías
encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella
estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último
mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he
deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de
nuevo, os deseo eso.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.

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